Manicurismo

Qué materiales básicos comprar para poner uñas acrílicas en casa

Qué materiales básicos comprar para poner uñas acrílicas en casa

Una noche tarde, mientras limpio el polvo de acrílico de mi mesa plegable con un trapo viejo, me doy cuenta de que la mitad de las cosas que compré al principio terminaron en la basura. Es un sábado de quincena, de esos donde la espalda te avisa que ya pasaste demasiado tiempo inclinada, y me pongo a pensar en la cantidad de dinero que desperdicié por no saber qué era lo realmente importante.

Recuerdo perfectamente cuando gasté mis ahorros de la universidad —esos que se suponía eran para mi título de comunicación que ahora solo junta polvo— en un kit "completo" de internet. Traía decoraciones feas, unas limas que parecían cartón mojado y un monómero que olía a veneno puro. Antes de entender que menos es más, creí que necesitaba mil glitters para ser profesional. Hoy, después de cuatro años atendiendo a mis veintitantas clientas regulares en el cuarto de lavado de mis papás, sé que la magia no está en la cantidad, sino en los básicos que no te fallan.

La trampa de los kits de inicio "todo incluido"

Si estás empezando, lo primero que vas a sentir es la tentación de comprar esos maletines que prometen traerte todo por un precio que parece un regalo. Mi consejo de amiga que ya se quemó las pestañas: huye. Esos kits suelen traer productos de baja calidad que dificultan el aprendizaje y, lo que es peor, aumentan el riesgo de desprendimiento prematuro. No hay nada más frustrante que pasar tres horas haciendo un set para que a la clienta se le caiga a los tres días porque el primer no pegó o el acrílico se cuarteó.

Después de revisar mis notas de los cursos de Hotmart que he tomado —donde por cierto aprendí que muchos inflan el contenido con cosas que no sirven—, entendí que es mejor comprar por separado. Al principio, mi mesa era solo una tabla plegable y una lámpara que me regaló mi primo, pero los líquidos que usaba eran de los buenos. Invertir en calidad desde el día uno te ahorra el drama de las quejas por WhatsApp el lunes por la mañana.

El monómero y el acrílico: el alma del set

Aquí es donde se va un buen pedazo del presupuesto, y con razón. El monómero debe ser EMA (Etil Metacrilato). Por favor, por lo que más quieras, evita el MMA (Metil Metacrilato). El MMA es tóxico, huele tan fuerte que marea y se pone tan duro que daña la uña natural al intentar quitarlo. En México, siempre trato de checar que lo que compro esté bajo la vigilancia de COFEPRIS o la autoridad sanitaria de tu país, porque al final del día, estás trabajando con químicos en la piel de alguien más.

El olor penetrante pero familiar del monómero al abrir el frasco es algo a lo que te acostumbras, pero si el olor te hace llorar los ojos, algo anda mal. Para empezar, solo necesitas tres polvos básicos:

He visto polvos de mala calidad que llegan 'rendidos' con maicena o rellenos raros y rinden la mitad de lo que deberían. No te dejes engañar por los botes gigantes a precios de risa; el acrílico bueno se siente sedoso, no se hace grumos de la nada y se deja moldear como mantequilla.

El pincel: tu herramienta más sagrada

Si vas a gastar en algo caro, que sea el pincel. No compres los sintéticos que vienen en los kits baratos. Se deshacen con el monómero, se les pegan las perlas de acrílico y te van a dar ganas de llorar. La revelación para mí fue comprar un pincel de cerdas naturales, específicamente de Kolinsky.

Un buen pincel Kolinsky mantiene la forma, tiene la flexibilidad justa y, si lo cuidas bien (nunca lo dejes con acrílico seco), te puede durar años. Yo empecé con uno del número 8, que es el estándar para no cargar ni demasiado ni muy poco producto. Es la diferencia entre una uña que parece una paleta de caramelo y una estructura elegante que no necesita mil horas de limado. Recuerdo que después de terminar mi segundo curso online, finalmente entendí que el control del producto empieza en la punta de esas cerdas.

Preparación y limado: la ciencia detrás del 100/180

Mucha gente piensa que las uñas se caen por culpa del acrílico, pero casi siempre es por una mala preparación. Aquí entran las limas. No necesitas cincuenta tipos de limas, necesitas entender el gramaje. El estándar de la industria que yo uso religiosamente es el 100/180.

La parte de grano 180 es la que usas para preparar la uña natural. Tienes que quitar el brillo natural de forma suave, creando una adherencia mecánica. Si limas de más, duele; si limas de menos, se levanta. Es un equilibrio que solo te da la práctica constante. La parte de grano 100 es mucho más abrasiva y sirve para limar la estructura del acrílico, darle forma y quitar los bordes toscos. El sonido rítmico de la lima contra el acrílico seco es la música de fondo de mis tardes en el cuarto de lavado.

Para complementar la preparación, vas a necesitar:

La lámpara y el sellado final

Aunque el acrílico seca al aire, necesitas una lámpara LED/UV para el gel de acabado (top coat) que le da ese brillo de espejo que tanto aman las clientas. Hace un par de meses jubilé mi lámpara vieja y entendí que la potencia mínima recomendada de lámpara LED/UV debe ser de 48W. Si es de menos potencia, el gel puede parecer seco por fuera pero estar "crudo" por dentro, lo que causa alergias o que el brillo se opaque a los dos días.

El tiempo de curado estándar para la mayoría de los top coats es de 60 segundos. No trates de ahorrar tiempo ahí. Ese minuto extra es lo que garantiza que la uña salga impecable y resista los golpes de la vida diaria de una oficinista que teclea ocho horas al día. Yo siempre les digo a mis clientas que si no escuchan el 'clic' de la lámpara apagarse, no saquen la mano.

Lo que nadie te dice sobre el espacio de trabajo

No necesitas un local en La Paz para empezar, pero sí orden. Ese ligero dolor de espalda después de pasar cuatro horas inclinada sobre la mesa de lavandería perfeccionando una estructura me enseñó que una buena silla y una altura de mesa correcta valen más que tener cien colores de temporada. Yo sigo en casa, con mi teléfono propped contra una caja de pañuelos para ver tutoriales o checar mi agenda de WhatsApp, pero mis básicos son de primera.

A veces me preguntan si vale la pena profesionalizarse. Yo misma he pasado por tres cursos de Hotmart; pagué el total por dos y pedí reembolso de uno dentro de la ventana de garantía porque sentí que me estaban vendiendo humo. Si estás en ese punto donde quieres pasar de "hacerle las uñas a mi tía" a cobrar un margen meaningful, te recomiendo leer mi reseña honesta sobre Academy Nails Universal, porque ahí hablo de si realmente sirve para quienes empezamos desde cero en la mesa del comedor.

Reflexión final desde mi mesa plegable

Miro mi agenda de WhatsApp llena para la próxima semana y entiendo que mi pequeño negocio creció gracias a la calidad de estos básicos, no a tener mil botes de decoración que solo ocupan espacio. Al principio, las clientas que regatean el precio del relleno te hacen dudar de si comprar materiales caros vale la pena, pero cuando ves que regresan a las tres semanas con las uñas intactas, te das cuenta de que la calidad es tu mejor publicidad.

Ojo, yo no soy médico ni tengo licencia de cosmetología; soy una manicurista que aprendió a base de echar a perder y de sacar cuentas reales. Si ves alguna reacción extraña en la piel de una clienta o en la tuya, siempre es mejor consultar con un dermatólogo antes de seguir aplicando químicos. Al final del día, esto se trata de embellecer, no de arriesgar la salud.

Mañana domingo me toca probar una técnica nueva en mis propias manos, usando esos mismos básicos que te acabo de enlistar. Porque en este mundo de las uñas, nunca dejas de ser aprendiz, incluso cuando ya tienes el cuarto de lavado convertido en tu propio templo del acrílico.

Importante:
Lo que lees aquí refleja mi experiencia personal y mis opiniones, no consejos profesionales. Investiga por tu cuenta y consulta a los profesionales adecuados antes de realizar cambios en tu salud, dieta o finanzas.

Artículos relacionados